Esta noche puedo escribir la prosa más triste, y regocijarme en el más sucio fango, lo veo todo de color oscuro casi negro y me siento más solo y liberado que un desterrado, podría relatar las anécdotas menos reconfortantes y matar tus esperanzas no una sino dos veces, podría hacer que odiaras tu vida y este mundo nauseabundo, minar tus convicciones y aniquilar tus aspiraciones. Podría inclinarte a eliminar de tus paisajes cualquier vestigio de poesía e inmunizarte contra la más idealizada belleza. También podría desengañarte sobre la fragilidad de tus lazos afectivos y emocionales así como invitarte a abrazar la muerte como única opción de supervivencia.
Y todo esto de la forma más natural y mecánica, no me valdría de graves traumas de la infancia ni de heridas incicatrizables del alma, no necesitaría potenciar tu desasosiego con drogas ni bañarte en un desequilibrante licor, no necesito conocer cómo te fue el día ni detalles útiles o superfluos de tu biografía, me sería indiferente si eres o no eres de una familia estructurada, si estás o no arraigada, puesto que los animales sienten dolor porque pueden huir mientras que las plantas mueren sin darse cuenta, estáticas. No requeriría conocer tus creencias, ni tu afiliación ideológica o política ni tu índice de materialismo o agnosticismo, cosas diferentes pero igualmente inútiles para el propósito que nos ocupa.
Podría hacerlo y lo haría sin dilemas morales ni escrúpulos de ninguna clase, el caso es si hacer esto… ¿me serviría de algo?

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