Sinceramente no sabía de que hablar, dirán que me encuentro ante un problema, y yo les contestaré que nada más lejos de la realidad, puesto que no tener una idea preconcebida sobre lo que escribir es como encontrarse en una playa virgen, en tierra salvaje, sin prejuicios, sin acotaciones, en una palabra: neutro. O si lo prefieren más pedante definámoslo como deconstruido, me encanta esta palabra, algo así como una destrucción ordenada, controlando en todo momento el destino de aquellos bloques -literales o emocionales- que hemos hecho volar por los aires, ya sea con la intención de rescatarlos según nos convenga o bien para volver a unificarlos en un futuro.Y es justo en este momento cuando empiezo a vislumbrar algo que sin ser llamado reclama ser comentado, muy bien, sigamos el juego, hablábamos de la deconstrucción, una vuelta a nuestros orígenes, desnudarnos paulatinamente de todas aquellas experiencias, prejuicios, circunstancias que ya desde la perspectiva de una cierta madurez han provocado que seamos como seamos. Si bien no debemos por qué entender esto como un proceso dramático, al contrario, podemos -y debemos- enfocarlo como un conocimiento de nosotros mismos. De hecho diría que la diferencia principal entre alguien verdaderamente sabio y el resto no es más que la autoconsciencia, es decir, saber o intentar saber en todo momento en qué punto nos encontramos y qué estamos buscando, algo así como una partida de ajedrez, adelantarnos algunos movimientos al ritmo de nuestra existencia, en cierto modo podemos enfocarlo como un viaje al futuro pero sin coches que viajan en el tiempo ni agujeros de gusano ni pliegues espacio-temporales.
Obviamente hablar de todo esto no ha sido algo casual, sino más bien una proyección de mi situación actual y del enorme tiempo libre del que disfruto, sin objetivos a corto plazo -ahora es cuando discretamente me río de la "neutralidad" de la que antes me enorgullecía-, lo que no quiere decir parado sino más bien expectante. De hecho creo que este proceso de ataraxia me está sirviendo precisamente para deconstruirme, y a partir de esta deconstrucción estoy desarrollando un balance, algo así como un inventario y una puesta en orden del papeleo que durante todo estos años se han ido acumulando en mi cabeza, fruto de mis desmadres personales, de mis elecciones erradas, también de las acertadas, en definitiva... de mi existencia.
No voy a engañarme ni a engañaros que con tanto tiempo libre en ciertos momentos puedo aburrirme -o cansarme- un poco pero también es cierto que de todo esto espero sacar algo en claro, y ese claro no debería ser otra cosa que un aumento de grado en mi propia autoconsciencia, no llegaré al extremo de ser un sabio, pero sí al extremo de alejar un poco más ese mismo extremo que antes me limitaba y que ahora -espero- empieza a desplazarse algunos centímetros más allá. Ciertamente, puedo andar equivocado, como tantas veces me he equivocado... como con esa maldita chica, con esa falsa amistad, con ese pase/o mal dado; pero esta vez intuyo que será de esas "veces" beneficiosas, aunque otra vez más el miedo que tengo es que ya he valorado como "esta vez" otras "veces" que al final acabaron desembocando en un mar nefasto.
En el caso de que llegáramos a este punto tan dramático, como bien dice un sabio de verdad, un tal Einstein: “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas […] porque la crisis trae progresos”, si bien es un hándicap bastante importante el pasar de la teoría a la práctica.
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